Archivos mensuales: octubre 2015

ACRÓSTICO – Manuel Olivas Jiménez

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Uno tras otro

Nacen los días,

Iconos del destino

Venciendo al desaliento,

Estamos unidos

Repartiendo amor,

Sueños idílicos.

 

Aquí ahora y siempre

Gigantes del sendero,

Abrazamos al desvalido

Ternura dulce y eterna,

Hijos de la historia

Abandonada al olvido.

 

Así es la vida…

Una llama viva,

Tenemos que avivarla,

Ilusión del alma

Son nuestros hijos,

Me partiría el corazón…

Entorpecer su camino.

 

Manuel Olivas Jiménez

 

 

 

 

CONCERT SOLIDARI MON CASINO CASAMOR – SALA FIZZ – 17 OCTUBRE 2015

 

  MON CASINO CASAMOR – SALA FIZZ – 17 OCTUBRE 2015

 

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Sí senyor, això és música! això és un plaer! això són músics de veritat.. i a sobre solidaris i sensibilitzats amb la nostra causa, sobre l’autisme.

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Música, música i més música: el passat dissabte 13 d’octubre, aquest trio va entusiasmar al públic assistent amb un concert entre íntim i directe, d’aquells que enganxen, que agraden i deixen petjada, amb tots els temes composats per ells i lletres o poemes que passen des del mateix Shakespeare, Martí i Pol, i Leopoldo Maria Panero, fins a Gabriel Fuster o Gabriel Maria Pérez i, fins i tot lletres pròpies.

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I és que aquest trio són especialment potents o delicats; la veu d’en Xavi Casino no deixa indiferent a ningú: potència, perfecta entonació, a sobre acompanyats per una bona expressió física, amb els gestos, la mirada, etc.

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En Mon Solsona, bateria esplèndid, sense defallir, omple de percussions diverses tots els tems i en Joan Casamor, imprescindible el seu acompanyament, les seves harmonies, les seves melodies.

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De ben segur que en un futur no gaire llunyà molts acabarem cantant temes com “Receptes”, “Vell Amic”, “El hombre que solo comía zanahorias”, etc.

Nois: què bons que sou!

 

EL FALSO CESPED DEL FALSO PAÍS(fragment del llibre “El niño con autismo”ed.Milenio, d’Isabel paula i Jordi Torrents)

 

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http://www.amazon.es/autismo-manera-estar-mundo-Estilos/dp/8497433343

En un momento determinado Abel paró en seco, deprimido por haber dejado de entender el mundo que le rodeaba, las reglas de los juegos e incluso la forma de comportarse de los demás. El miedo que nos produce lo desconocido, la incertidumbre, la oscuridad, los caminos sin salida, incluso las crisis existenciales, en el caso de Abel se convirtió en un verdadero terror por el hecho de haber dejado de entender. Su expresión de niño feliz, eufórico ante el hallazgo de un balón o un columpio amarillo y verde en el parque, vivió una metamorfosis, transformándose en una extraña mueca, en una incapacidad ya no para estallar en una sonora carcajada, sino incluso para sonreír. Abel no lo sabía, pero se encontró perdido. Y se paró. Sara y Julio, el padre de Abel, entraron en una fase de angustia ante lo desconocido, aterrorizados ante la presencia de otro yo que empieza a acompañar a Abel, un otro distinto, arisco, silencioso, capaz de hundir en una nebulosa aparecida de la nada a su hijo para, poco a poco, usurpar su vida, su personalidad y todo lo que había aprendido. Esos primeros aprendizajes parecen quedar enterrados en alguna isla perdida. Y ese otro, el único que tiene el mapa para llegar, ha sellado el pergamino dentro de una botella y la ha lanzado en un punto indefinido del océano, plagado de tiburones, fosas abisales y maderas crujientes de los restos de algún naufragio. Las horas nocturnas de Sara, esos momentos azules en que nos dejamos balancear por el sueño, se ven plagadas de extrañas visiones. Cada mañana, Sara sacude cada vez con más fuerza las sábanas y las alisa para no dejar el resquicio de ninguna arruga, de ningún temor.                                                                                                                   

Abel deambula por calles indefinidas, por paisajes que, de cerca, están teñidos de vivos colores, pero sin horizonte. Nunca llego a él. De pequeño empezó a pintar su vida con esos colores, a trazar las líneas de su mapa personal. Le encantaban los juegos con música, los de encajar piezas y los de construcción. Quería dar forma a esa vida a través de un puzzle de animales de la selva y de un Lego multicolor con el que convertirse en un pequeño genio de la arquitectura de plástico, aunque sin ningún problema para abandonar una futurista construcción a medio camino entre el modernismo y la escuela Bauhaus para lanzarse con las manos levantadas por la helada superficie del tobogán del parque de su barrio, aquel en el que Abel empezó a crear y a destruir sus castillos de arena y sus abrazos. Sara solía también abrazar con fuerza esa vida que ensayaba aún su propia obra, con una dramaturgia basada en el método de la imitación: si Sara barría, Abel cogía una escoba con la que, después de dar un par de trastazos contra alguna mesa invasora, intentaba acumular algo de polvo rebelde para llenar otro acto más de su personal representación teatral. Aplausos. Telón. Hasta que, un día, el telón ya ni se levantó. No había función, no había imitación, no había juego simbólico. Años más tarde, Abel demuestra una gran habilidad con los juegos de ordenador. Su reflejo en la pantalla es la única imitación que es capaz de desarrollar, mientras su mano y su mente se compenetran para adentrarse en mundos cibernéticos donde encontrar llaves de tesoros ocultas en unos cofres que una especie de mono galáctico debe abrir, a la vez que evita que unos grotescos piratas sin pata de palo ni loro lo atrapen. La bicicleta y los patines son sus otros, y únicos, vínculos con algo parecido al juego, aunque su seguridad pasa por la repetición de unos circuitos uniformes, invariables, como cuando ante el televisor es capaz de pasar docenas de veces seguidas la misma secuencia de un episodio de los Teletubbies, con voces afiladas, movimientos torpes y exagerados, un sol con cara de niño y un conejo que pasea engañado por el falso césped del falso país de los falsos peluches gigantes. Abel, fascinado por esa sobreactuación, mantiene su mano derecha levantada casi todo el rato, con el mando a distancia a punto para retroceder la imagen o hacerla avanzar, en ocasiones a cámara rápida, en un juego obsesivo que refuerza aún más la falsedad de la imagen.

 

 

AMB LA TARDOR A LA PELL – Jordi Pruñonosa

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Amb la tardor a la pell

i dies als llavis

dibuixo el millor somris

que surt de dins meu.

Transito de lluny, encara,

a l’hivern caduc on vessar

les llàgrimes d’un temps

ara perdut.

 

Fos, clòs, mort,

anegat dins els meus ulls.

Sento morir la sang,

llepant els minuts

en una espera matusera,

plena d’incomoditats.

Incongruent, passo,

en hores panses

d’un record incert,

a un trasbals,

que amb injiusticia visc.

Quanta veritat

que amb ulls clucs es veu!

A dreta llei s’ha impost

maldestra pas sense llum

cap un no rés edificat

en l’ensopit record.

 

 

Jordi Pruñonosa i Sala

 

 

EN UN PASADO OTOÑO – Juan Rey

 

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Foto by  jordiorts.com

https://www.facebook.com/juan.rey1?fref=ts

 

En un pasado Otoño,

hace ahora alguno años,

entre olivos cargados,

cargados de perlas negras

relucientes, azabaches.

 

Entre la niebla espesa,

cargada de grises tristes,

y el arroyo, relámpago

de agua de azogue azul.

Allí te vi, silenciosa y sola.

 

(Igual que una estrella)

 

Te hablé con voz de niño,

y acento de viejo vino.

Densas palabras te dije,

semejantes a lágrimas de

hielo, frías, heladas…

 

(Las estrellas no hablan)

 

No me hiciste caso, mirabas.

Te vi borrosa ente la niebla.

Leve, frágil, bonita, hermosa

flor de estrella silenciosa,

Nada dijiste, solo tus ojos…

 

(Me hablaron en silencio)

 

 

Juan Rey