Archivos mensuales: abril 2016

QUAN – Josep Maria Fuster i Perelló

Somriure Tina

 

Quan l’Àgatha riu,

quina alegria! tots riem amb ella.

 

Quan l’Àgatha plora

no és tristesa, però vull plorar  amb ella.

Quan ella crida, el cor se’m tanca

o se’m fon. Després s’enlaira,

i em deixa sol.

 

I quan l’Àgatha torna riure,

omple de goig  la màquina del  món.

Es fa entendre tan sols amb   

l’esguard emmelat,

que projecta raigs de llum damunt la  malmesa terra.

Ha esdevingut la gaubança.

Si bé dels meus ulls s’escapen, encara, interrogants sense fi,

llàgrimes d’angoixa, d’incomprensió i de ràbia.

Però també d’esperança.

L’Àgatha és la més robusta esperança.

És en ella on està la vida.

 

 

Josep Maria Fuster i Perelló

 

 

 

 

L’ENDEMÀ DE SANT JORDI – Ricard Pérez Fuster

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Foto, www.recercaenaccio.cat

Camina lentament, les mans a les butxaques

L’esguard misteriós, com obsedit

Les llampurnes dels ulls apagades

Les dents ennegrides pel cruiximent.

 

Papereres plenes a vessar de detritus

Taques fosques damunt les rajoles

Llosques apagades recollides amb afany

Diaris i revistes amuntegats en qualque racó

 

D’alguna finestra se sent música apagada

El vell quiosquer renya un nen trapella

El borratxo d’ulleres fosques somriu inexpressiu

La parella jove es mira a la cara sense dir-se res.

 

I plou i neva i fa vent i fa sol

I els núvols es mouen al cel

I les fulles dels arbres s’emboliquen

I un riure llunyà d’una nena que juga

 

T’estimo, t’estimo, t’estimo

Se’m fa difícil  de dir-t’ho

El temps enganya els sentiments

Et tinc a tu i tinc el món.

 

Mentre l’home camina lentament

Les mans a les butxaques buides

L’esguard perdut, els ulls mig closos

Els núvols al cel, la pluja a la cara.

 

 

Ricard 24/4/2016

 

 

MÁS POEMAS, RELATOS, FOTOGRAFÍAS, EXPERIENCIAS

Books HD

Amigos, como bien sabéis estamos trabajando en un libro que esperamos poder tener publicado antes de la próxima Navidad.

Sí, ya sabemos que queda tiempo, como también es cierto que ya tenemos mucho material y que haremos una selección, pero queremos tener cabida para más libros o para llenar las redes con vuestra manera de hacer y transmitir cultura y poder embellecer lo que conlleva el trastorno del autismo y sensibilizar con vuestras aportaciones.

Por eso os volvemos a hacer una humilde llamada: , ENVIADNOS MÁS CULTURA hecha por vosotros, que lo compartiremos y trataremos de llenar las redes para sensibilizar sobre el autismo con esta gran arma como es la cultura.

Os recordamos nuestros emails:

info@universagatha.org o bien universagatha@gmail.com

Gracias por estar ahí … siempre

MÉS POEMES, RELATS, FOTOGRAFIES, EXPERIÈNCIES

llibre blanc[1]

Amics, com bé sabeu estem treballant en un llibre que esperem poder tenir publicat abans del proper Nadal.

Sí, ja sabem que queda temps, com també és cert que ja tenim molt material i que farem una selecció, però volem tenir cabuda per més llibres o per omplir les xarxes amb la vostra manera de fer i transmetre cultura i poder embellir el que comporta el trastorn de l’autisme i sensibilitzar amb les vostres aportacions.

Per això us tornem a fer una humil crida: ENVIEU, ENVIEU-NOS MÉS CULTURA feta per vosaltres, que ho compartirem i mirarem d’omplir les xarxes per sensibilitzar sobre l’autisme amb aquesta gran arma com és la cultura.

Us recordem els nostres emails:

info@universagatha.org  o bé  universagatha@gmail.com

Gràcies per ser-hi… sempre

 

DÍAS DE LLUVIA – Laura Jareño

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Foto, www.taringa.net

 

  En días lluviosos  acostumbro a fijarme  en los detalles de la vida. Hay que seguir viviendo y respirando. Como ir a comprar. La compra y su aparente caos de guardar las cosas bien, la música ambiente que transcurre para tranquilizar a las almas consumidoras, las miradas buscando complicidad y seguridad. Todos van saliendo del supermercado con prisas, se acerca la hora de la comida. Empiezan las prisas y el caos controlado de la ciudad. 

           Saliendo por la avenida Santa Coloma, me topo con la visible ansiedad del resto de transeúntes, de la mía propia. La ansiedad y su imperceptible locura. La gente corre, quiere protegerse de la lluvia, llegar a casa. Mientras tanto personas que disfrutan de la compañía o de uno mismo/a. La paz que  emana  entre el griterío. 

           Empieza mi mente a divagar con  el símbolo del paraguas. Me disperso. Paro y me concentro en la gente de mi alrededor, en las conversaciones paralelas: los abuelos y abuelas conversando tranquilamente, las bicicletas que zumban, la bolsa de basura con agujeros que protege a un bebé de edad desconocida en su carrito (acompañado por su abuela) y el miedo que ocasiona en una joven de Baró de Viver. Su historia es una madre de joven cuyo hijo está con la abuela. Ella siente miedo al ver la imagen del carrito. Imagina que fuera su bebé, se encoge siente frío… Me cuenta sus miedos y la acompaño con la mirada. No puedo seguir con su temor, pero si conversando. Me giro y vuelve mi madre. La compra de la semana ya está. Alivio, respiro y vuelvo andar. Miradas furtivas interculturas. Dos mujeres hindúes me calman , me imagino que me hablan o su paz aparente reconforta a mi mente. Es curioso el juego de la imaginación en plena lluvia… 

           Sigo la conversación con mi madre, su sonrisa y su belleza me alegran el momento. Es increible caminar a su lado y ver que no hay nada más bello que ser y estar, no pensar nada más. En este momento no existen banderas ni tensiones,  solo seres que caminan libremente y que quieren estar juntos. Siento como la canción de Peret merece la pena: siempre es mejor reir que llorar. 

           Amanecer lluvioso, según el tiempo “plujes disperses” ( si lo dice el señor Molina será que es cierto). Esperando a la familia, al pequeño de la familia. Sus sueños, su manera de ser, su  inocencia y su picaresca con tan solo cinco años. Él llega y juega, él llega y se sienta. Él come si tiene hambre y llora si tiene pena. No tiene porque dar explicaciones, pese a sentir pequeños signos de vergüenza. Quiere pintar su bandera en el día de las banderas, en el día de la inspiración  histórica. Para situarnos amanecer a las diez de la mañana del día  doce de octubre de 2012. 

Mientras a gente espera a que pare de llover. A mi me encanta sentir la lluvia, y digo sentir y no ver porque son dos  cosas bien distintas. Puedes ver la lluvia desde u lugar tapado, puedes ver la lluvia desde el  autobús, pero puedes sentir la lluvia cuando fluyes y te arriesgas, cuando te mojas. Cuando notas que solo es lluvia y sientes las gotas sobre tí. La naturaleza te invade de belleza y solo hay que dejarse llevar. Puedes creer o no, simplemente sentirla. 

           En escena para ganar protagonismo, aparece  “Don gato”, el  gato por excelencia, el dueñode la casa,quién todo lo ve y nada dice. Se pone a jugar detrás de la puerta esperando a algún humano que quiera acompañarlo. Pero nadie le acompaña.Las conversaciones  son más interesantes que pararse un momento a jugar,,, Y suena “Llévame esta noche a san Fernando” de Manolo García. 

Y me calzo para volver fuera con la lluvia. Las nubes se preparan, y la canción no cesa. Jugamos con la espera; con la dulce mañana, con los despertares… 

                       La lluvia rocía todo el campo , las flores salen y los caracoles puede que saquen cuernos y babas. Los helicópteros sobrevuelan la ciudad. La soledad de quién observa. Los gritos y los sonidos del alrededor. Los símbolos del día de hoy y su magia. El caos, los miedos. ¿Qué es el miedo? 

           Vuelve la noche, la lluvia ha cesado. Amanezco en un pueblo del Maresme bien acompañada. La lluvia ha cesado. La espera se refleja en la casa. Estamos los dos solos, suena Get Back de los genuinos Beatles a través del ordenador, en el que escribo, ordenador en el que leo… Computadoras que nos conectan a otras realidades. Vuelvo mi atención en la canción y su significado ( get back) ¿Volver a atrás? ¡No! Vivir en el presente, y el fuego de la chimenea arde. Hipntoiza. El joven que me acompaña prepara la carne. Todo envuelve una ardiente deseo de confort. No hace falta nada más. Es todo tan cómodo que me quito el reloj de la muñeca,  la coloco suavemente sobre la mesa. El gato Chicho de la casa del Maresme entra y sale cuando quiere, él también tiene sus rutinas. Dejo el móvil en la mesilla y me dejo fluir, llevar, por la situación. Husmeo por la ventana que da a la calle (mojada). No hay miedo. El aura me envuelve  de vida, de creación… 

           Vuelvo a mirar el fuego y buscando frases de alguna película de manga me viene a la cabeza “ es como si la luz la luz del Sol se estuviera apagando, y la gente busca sus respuestas”. Realmente las vidas buscan un porqué pero siguen obsesionándose. Apelamos a la creación, al Universo, al cosmos, a las religiones… Es más sencillo dejar de buscar, en todo caso tratar de ver el qué o el como, no el porqué a todo. Aunque en esa frase la ciencia y la filosofía se quedan paralizadas. Pero el arte inspira y respira, y la magia parece existir. 

           No hay ganas de salir. Solamente luz interior y penetrarse en ella. De disfrutar el momento, de saborear: los bocados de la realidad, los  buenos alimentos, el buen vino, la necesaria agua.

         Chicho duerme en el sofá. La cocina está abierta. Cierro los ojos y la vida sigue; todo va sobre ruedas. Por la ventana pasan coches sin rumbo fijo aparente. Los colores traspasan la ventana, me quedo como flasheada… 

           Por la tarde la música continua sonando. La dulce perra da vueltas y vueltas sobre sí misma.

Esperando caricias, esperando la muerte, quizá, pero no es su hora, ¡quiere vivir! Parece que se entretenga, aunque la verdad inquieta muchísimo. Las caricias y el contacto entre el joven (de treinta y cuatro años) y yo fluyen. La soñada siesta. La inspiración vuelve, pequeños sonidos, los animales juegan entre ellos. Y la casa es todo armonía y equilibrio. La leña en el fuego y su calor.

La angustia desaparece, pero a veces se asoma. Pese a la tranquilidad, el orden, la felicidad. Es parte de sufrir o tener un desorden psicológico. Miles and Miles away sale del aparato de música. Esta vez le toca cantar a lo lejos a Egle Eye Cherry, un disco antiguo. Y me paro a pensar, ¿Dónde me iría yo tan lejos? A ninguna parte, solo viajaría en su corazón. Ya sin parecer pegajosa, me inclino a encender un cigarro , esta vez compartido. Y el televisor encendido, divago… Hay niños que aparecen, los niños me tranquilizan… Los calcetines en el sofá y la sensación de bienestar entre los dos.

           Los recuerdos es todo un misterio de analizar. Te llevan cuando quieras a cualquier otra parte. Es bueno y malo a la vez. Es complicado de analizar mucho porque si estás muy inquieto o inquieta te pueden jugar una mala pasada. Lo importante es aprender a convivir con ellos y seguir adelante. Hablando de los recuerdos mi mente se para a pensar en esa misma tarde. En una visita inesperada y apropiada. Son imágenes de felicidad, sonrisas cruzadas, vídeos, música… Conversaciones de historias del pasado conocido y desconocido por mí, del presente, “marujeos” sobre gente, etc. Alimentos a destiempos, alguna tensión incontrolada, llamada necesario y shock controlado. El tiempo nubes y claros, la casa llena de humo por el tabaco. El ambiente risueño.

Decidimos salir fuera, los agobios crecen. Como en cualquier salida de tarde, nos relajamos. Observamos las casas de los vecinos, las flores, los vecinos y vecinas, los panes con formas de animales, los hierros forjados, las plantas, los arbustos que tienen vida, pero que en nuestra imaginación algo paranoica hablan. Y más risas. Llegamos al bar, a la terraza o patio del bar céntrico del pueblo. El frío calor, la ansiedad anticipatoria, los juegos de palabras, los diarios, las llamadas desde otras mesas de la terraza… El niño con problemas que ríe. Está acompañado de su madre y de un  chico africano quién le muestra su música desde un mp3. El niño también se relaja y nos mira. Se ríe a carcajada limpia mientras mi novio se eructa. Y sobran las palabras.          

Pero sea por el clima o lo peculiar de ese lugar la calma cesa. Suenan las campanas de la iglesia a las siete en punto de la tarde. Como un toque de queda todos hacemos comentarios. El niño se asusta y su madre le distrae con comentarios. Buena forma. Aunque todos tenemos el derecho a sentir miedo de algo. Mientras en nuestra mesa un amigo garabatea el diario ilustrado. Lo llevamos a un posible diario reivindicativo pero sin banderas ni lemas,sólo  comentarios en la portada donde curiosamente aparecen el Rey, Rajoy y otro personaje político. Asuntos políticos, cuando uno se abstrae, es mejor pasar página. O encenderse un cigarro, o dispersarse con otro cosa. El tabaco y su aire nostálgico, la vida y mis anécdotas. 

           La cocina vuelve a abrir sus puertas. Son las nueve y media de la noche. Es hora de cenar. Y que no falte el alcohol. Una buena cerveza, algo de embutido y a disfrutar de la compañía. Conversaciones íntimas. El pueblo está tranquilo. Ya no llueve desde hace horas. Las banderas independentistas siguen colgando, pese al viento, pese a la crisis, pese a la euforia colectiva. Las banderas hondean tranquilas y su gente encuentra un hueco o algo en lo que agarrarse. Revelarse, emitir opiniones, vox populi.  Yo pienso en mi armónica y en la buena recuperación  de un hombre mayor con diabetes. De un hombre que nos dio parte de su tiempo animándonos y regalándome su armónica. Mejorándose pese a todo y pese a nada. Conversaciones sobre el genio y locura de Dalí.

Sobre su simbología y su carácter español. Sobre sus obras y su relación con Gala. Sobre Puvol y un viaje futuro. Sobre mi crisis y el miedo a l miedo. 

¿Se forzarían las olas del mar, para que uno mismo se salvará? Nadar a contracorriente. Aceptar que las cosas tienen fecha de caducidad pese a que inconscientemente vivamos eternamente. El sueño aprieta y la cama espera. Vuelvo a dormir. Segunda noche fuera de mi casa. Segunda noche tranquila. 

           Ocho y media de la mañana. El corazón se mueve muy rápidamente. Busco mis medicinas. Nerviosismo. Mi pareja se alarma, pienso, pero está ahí esa angustia, ese desdén… Un sinfín de pensamientos pasan por mi cabeza: la muerte, los hechos futuros, el caos, la tiniebla… Busco sus ojos verdes azulados. Corro la cortina de la habitación, ¡hay luz! El cielo es azul y rosa. La ventana está llena de vaho, pero no llueve. El jardín de enfrente está preparado para un festín. Todo tranquilo. Sólo se mueven las hojas de los árboles. Y a lo lejos el mar. 

           Llegando al mar. Parada en Blanes. Aparca el coche y observamos el gentío. A las diez de la mañana hay poca gente: niño/as gritando, ciclistas, abuelos paseando comentando las jugadas de fútbol. La Roca con su bandera catalana moviéndose por el viento. Y la música apaciguada de fondo en el bar. La camarera de Badalona con miedo a las abejas. El café de nota mental de diez, aunque un poco caro, pero claro pagas el lugar, pero buen sabor y galletita azucarada gratis. Entonces nos fijamos en una paloma que callejea, matutina. Le tiramos trocitos de galleta y cada vez, no es tonta, se nos aproxima más. Hasta que nos olvidamos de su presencia y marcha de nuestro perímetro de la mesa.  Los bostezos, la alegría, las miradas, la ternura y las caricias. ¡Qué feliz me siento! Pagamos y caminamos. 

           Nos perdemos por las calles mojadas pero aguanta la lluvia. La gente que pasa comenta el tema del día tras mirar los nubarrones, que dan un toque pintoresco al paisaje, “¿Hoy lloverá?” Aguanta, aguanta. Las risas, su cara risueña. El amor. Los letreros de los paisajes. El amor.  Distrae cualquier pensamiento. Distrae de buena manera, creciendo la belleza… Te evades con la luz plena. Ahora se lo que es amar. 

           Volvemos a la realidad externa “¿Subimos la montaña?” Aun no decido. Y no pasa nada. La ansiedad anticipatoria se disuelve. Y no pasa nada. Respirar. Por respirar, por sentir el cielo, las nubes… El sol, aunque me ahogue la ansiedad (qué gran letra de un gran músico). Y seguimos por el paseo de la playa donde nos fijamos en las paradas de artesanos. Pendientes de flores, anillos de piedras decorados por una pareja mayor uruguaya. Y Andreu , mi pareja, me hace un regalo. Le sonrío, y le abrazo. Los detalles… Le quiero. 

           Poco a poco me voy conectando a la vida. Subimos al coche, tras previa parada en el amor, mirando al mar. Sobre la arena y relajándonos escuchando las olas.

Van Morrison, Isabel Gemio y Gurruchaga salen por la radio. Señales de tráfico observamos, buena conducción , me recuerda al anuncio de “¿Te gusta conducir?”. “Caminante no hay camino, se hace camino al andar” o al circular, o al conducir, al viajar, al disfrutar… Árboles frondosos dirección a Badalona. Y llegamos a la costa del Maresme tras dejar Girona. Y llegan a mi mente versos que recordar, que crear. Según la canción que escuchamos por la radio, un tango de antaño: evitar los fantasmas. 

Lluis Pasqual y emisora catalana. Otras realidades de la prensa en sí misma. Las realidades cambian en las páginas del diario. Mención nostálgica a la guerra, la Creu Roja y mención a los/las ciudadanos/as indignado/as por la crisis. 

           Nos acercamos por la carretera nacional a Canet de Mar , por la autopista rápidos para llegar a su casa. Emociones sobrevuelan el paisaje. Música tecno. Hay salidas por todas partes pero nuestro camino es recto. Desviación por Arenys de Mar y seguir por la nacional.

Esta vez pongo un cd escondido en la guantera del coche, sale música francesa de los noventa para bailar, según Andreu, y a seguir disfrutando del viaje. Coche de mossos detrás y todo está tranquilo.

Cada vez creo más en la vida. Castillos, casas de indianos, gente paseando… Los sueños recorren paisajes y los silencios nos ayudan a aprender de los errores. Y mi conductor canta. Ya queda menos para llegar. Qué felicidad. El Sol está a punto de salir, si crees en el amor. 

           Me cambia la cara. Mercadillo de segunda mano. Y decidimos no parar hay que ser austeros, mejor en próximas salidas. Niños que pasan el paso de peatones. Ropas libros dejando atrás. Chillidos que salen del cd de música en el coche. Todo es apetecible, llega la hora del vermut. Olivitas y fanta de naranja. Esperando llegar a su casa y juntarnos con la familia. Estación de Renfe, justo en el momento en el que miro no pasa ningún tren, esperan a salir. Adif en obras y el sol dispuesto a alumbrar. Mc Donalds a la derecha, se acerca la hora de comer. Supermercados cerrados y el mar a la derecha. Montjuic a lo lejos pero perceptible. 

           De repente, miro al frente y me paralizo por momentos ante la imagen de dos mossos parados. Deben estar esperando a alguien, deber estar vigilando el peligro de la conducción… Cruce de miradas no desafiantes. No perder el control. Es domingo. Vamos a sonreir. Llegamos a Vilassar de Dalt. Tensiones visuales se amansan con la llegada al pueblo y la radio de fondo. Con las conversaciones privadas entre Andreu y yo.  Esta vez suena en la radio Toti Soler y Ovidi Montllor, dos grandes músicos. Hora del vermut. Y con la comida llega la calma, su mano sobre la mía, y el deseo de una vida tranquila y feliz.

 

 

Laura Jareño

 

LA MESA QUE TENÍA LAS PATAS MUY CORTAS – Enrique Rodríguez

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Era una mesa que tenía las patas tan cortas, tan cortas, tan cortas, que no le llegaban al suelo. Al no estar bien apoyada se movía mucho. La familia no quería comer en ella porque la sopa se derramaba y la comida se salía del plato.

– Esto parece un barco. Gritaba enfadado el padre de familia.

Ni los niños querían jugar en ella. Las fichas del parchís se movían de las casillas y el dado rodaba hasta el suelo.

La mesa estaba triste y apenada, se sentía sola e inútil. Nadie quería usarla.

Así estaba en la puerta de su casa, cuando pasó una alfombra.

– Qué te pasa mesita, por qué estás tan triste?.

Es que nadie me quiere usar porque tengo las patas tan cortas que no me llegan al suelo.

– Y por qué no haces de alfombra?. Preguntó la alfombra.

La mesa nunca se había planteado ser otra cosa.

– A ti te gusta ser alfombra?. Preguntó la mesa.

– Ser alfombra es lo mejor. Por las mañanas veo salir a toda la familia. Confían mucho en mí y me dejan al cuidado de las llaves de la casa. A la noche buscan la suavidad de mis fibras para descansar sus pies. Y algunos días me visten de rojo y personajes importantes pasean por encima y se hacen fotos. Ser alfombra es lo mejor.

A la mesa le gustó lo que había oído y al día siguiente se fue a hacer de alfombra. Pero no resultó como le habían contado. El día fue lluvioso y acabó pateada y manchada de barro. Cuando llegó la noche estaba arañada y sucia, dolorida de los pisotones, y tuvo que ponerse ceras y limpiarse bien.

Ser alfombra no era para ella, así que se volvió a estar triste y sola.

Así estaba cuando pasó una cometa.

– Qué te pasa mesita, por qué estás tan triste?.

Es que nadie me quiere porque tengo las patas muy cortas.

– Y por qué no haces de cometa?. Preguntó la cometa.

– A ti te gusta ser cometa?. Preguntó la mesa.

– Ser cometa es lo mejor. Me llevan de paseo los días festivos, sólo si hace buen tiempo. Voy a la playa o la montaña, y allí, empujada por una suave brisa, me elevo hasta el cielo. Vuelo entre pájaros y mariposas, lo veo todo desde lo alto, y la sonrisa de los niños es mi mejor recompensa. Ser cometa es lo mejor.

A la mesa le gustó lo que había oído y al día siguiente se fue a hacer de cometa. Pero no resultó como le habían contado. Los niños no conseguían que se levantara porque pesaba mucho y protestaban. Finalmente, un adulto, con mucho esfuerzo, consiguió elevarla. Subía y bajaba constantemente, y se mareó. Además pasó mucho miedo allá arriba, no estaba acostumbrada a las alturas y a cada instante le parecía que iba a chocar contra el suelo.

Al llegar la noche todo le daba vueltas.

Ser cometa no era para ella, así que volvió a estar triste y sola.

Así estaba cuando pasó un cuadro.

– Qué te pasa mesita, por qué estás tan triste?.

Es que nadie me quiere porque tengo las patas muy cortas.

– Y por qué no haces de cuadro?. Preguntó el cuadro.

– A ti te gusta ser cuadro?. Preguntó la mesa.

– Ser cuadro es lo mejor. Todos los días vienen personas a contemplarme y pagan por verme. La prensa habla de mi y a veces hasta salgo en la televisión. Los ladrones más famosos me desean. Los museos se pelean por mí. Y si alguien me lleva a su casa, me dedica el mejor sitio en el mejor de sus salones. Ser cuadro es lo mejor. 

A la mesa le gustó lo que había oído y al día siguiente se fue a hacer de cuadro. Pero no resultó como le habían contado. Se pasó el día colgada de un clavo. Nadie se paraba a mirarla, ni se hacían fotos con ella. Que cuadro más feo, decían unos, es sólo un marco, decían otros. Tuvo miedo de descolgarse y caerse, y por culpa de la postura el cuello le dolía mucho.

Ser cuadro no era para ella. Y se puso más triste aún.

Así estaba cuando pasó un hombre.

– Qué te pasa mesita, por qué estás tan triste?.

Porque tengo las patas tan cortas, tan cortas, tan cortas, que no me llegan al suelo, y no me quieren como mesa. He probado a ser otras cosas pero tampoco sirvo.

– Quieres que te ayude?. Dijo el hombre.

– Ya, me vas a decir que sea persona y que eso es lo mejor, pero yo quiero ser mesa, eso quiero ser. Dijo la mesa llorando.

– Soy maestro, y voy a hacer algo que te ayudará mucho más.

Y mientras la mesa lloraba, el maestro fue poniendo libros desde el suelo hasta sus patas, hasta que estas quedaron firmemente apoyadas y ya no se movía. Por fin querrían comer y jugar en ella.

Desde entonces, la mesa dejó de estar triste, se hizo fuerte y robusta, y sobre su noble tablero se hicieron muchas comidas y muchos juegos.

Moraleja : Nada te ayudará tanto en la vida, a ser lo que quieras ser, como los libros.

 

Enrique Rodríguez – Barcelona

 

QUOTIDIÀ – Gabriel Maria Pérez

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Comencem el dia i s’escolta un rumor del fregar d’uns peus descalços al parquet.

Tot és en silenci, si bé, malgrat que les finestres són aïllants i termo-no-sé-què, i els sorolls del carrer entren molt apaivagats, de tant en tant, a alguns dels primers cotxes del dia se’ls sent passar pell carrer.

Les passes continuen sigil·loses, pausades.

De sobte un petit grunyit… i el fregar dels peus nus es tornen a sentir, suaument, com s’allunyen i s’acosten… un altre grunyit, dèbil, insignificant…. però latent.

Tot això s’escolta des de la meva habitació, els dissabtes al mati; bé, a primera hora del matí, els matins que no has d’anar a la feina i vols dormir fins més tard.

Jo tinc l’oïda molt fina, segurament una herència del meu estimadíssim pare, i aquests passets, aquests petits grunyits, els identifico en un no res…

Però em mantinc al llit… no tinc ganes de llevar-me tan d’hora! És el cap de setmana!

I sembla com si, telepàticament m’hagués sentit i hagi respectat aquest meu pensament.

Torno a adormir-me, sí, em sembla que ho tornaré a aconseguir… però en pocs minuts el grunyit passa a ser un crit com el del grinyolar de les portes metàl·liques sense greixar, mentre el fregar dels peus, abans lentament, cada vegada fa més via… i passen uns minuts més i sents un altre renou d’uns plàstics repicant…

Jo només intentava dormir una estona més… la mare sí que ho aconsegueix. 

Un altre crit grinyolant, potent! La mare només es dóna la volta i continua dormint.

Sí, ja sabem que t’has despertat, ja sabem que tens gana, ja sabem que has trobat les culleretes: toca llevar-se, surto de la cambra, li faig un petó a la galta mentre em mira amb aquells innocents ulls, vaig corrents a fer la primera pixadeta del dia… i des del lavabo sents com el fregar de les passes es va aproximant… et rentes la cara, ella hi és a prop, surts del lavabo i vas a la cuina, agafes un plat fons, l’omples de llet, al microones un minut i sents una petita empenta a l’esquena, molt fluixeta: té gana.

Però s’escola una olor a mil dimonis… sí… : té sorpresa.

L’agafes de la mà dolçament i ella t’acompanya cap a l’habitació fregant els peus al parquet.

Obro les finestres, de bat a bat, que no quedi ni una escletxa amb aquesta olor, perquè, com diu la mare, aquesta olor s’impregna i costa de marxar.

Una vegada canviada, surts de l’habitació, ja esgotat per la força d’aguantar-la, perquè no tensi les cames i ho pugui empastifar tot, ella et va al darrere i torna a cridar, aquesta vegada és un iiiie! de gana.

Tu al davant cap a la cuina. Obres el microones, treus el plat i el poses damunt del taulell. Comproves que estigui encara calent… et dónes la volta un moment i veus com la menuda, amb un regalim de saliva que li cau de les comissures dels llavis, t’observa amb aquell mirar tendre però de llàstima a la vegada.

Avoques uns quants cereals al plat, ella torna a cridar, iiiiieee!!!, i tu li dius, sí, ja sé que tens gana, ara t’ho dono… la seva mirada encara de llàstima… entendreix.

Uns pocs minuts més tard, quan els cereals ja s’han reblanit, anem cap al menjador, jo amb el plat a la mà, la nena, malgrat que li he dit que m’acompanyi, no m’ha entès, -crec que no m’entén gairebé mai-, arribo al menjador i, merda! No hi ha les estovalles posades. Tornem a la cuina: la nena esperant, jo torno a deixar el plat al taulell, s’està refredant, agafo les estovalles i de nou cap al menjador.

Aquesta vegada la nena sí que m’acompanya, iiieeee!!!! iiiiieeee!!!, i jo, síííí, ja va, ja va!!!

Una vegada he posat les estovalles, sant tornem-hi a buscar el plat, iiieeee!!!! iiieeee!!!

Ella s’ha quedat al menjador, esperant i per fi arribo jo amb el plat; el deixo damunt la taula, l’assec, li poso un pitet que directament es posa en un terç a la boca, li agafo la mà i li poso la cullera a la seva, i comença el ritual: ella agafa la cullera, però l’ajudo jo.

Just acabat el plat, en quant li dic, s’ha acabat!, s’aixeca com si tingués un ressort, li eixugo la boca, li dono una miqueta d’aigua, li trec el pitet humitejat i li lligo les culleretes de plàstic al bracet dret.

Primera tasca del dia complerta.

 

Gabriel Maria Pérez

Abril 2016

 

 

TU, NO SAPS – Jordi Pruñonosa

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Tu, no saps, 
com és de gran
el meu desig,
com m’enverina per dins,
com em crema les venes,
i se n’escampa pels dits
entreteixint la urgència.
Ja no hi ha amo, ni senyor,
tot és foc i descontrol.
Rera una paret 
que m’escuda 
monto per parepetar 
la por deicida 
que m’esbalota.

Jordi Pruñonosa