AUTISMO E INTELIGENCIA SENSOLÓGICA – Doctor Carlos Bayod

Yo2[1]

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Se me rompe el alma cuando intento comunicarme con un niño con autismo y me doy cuenta de que, en cierta forma, es como una barca que ha perdido los remos y navega a la deriva a merced del viento y las corrientes.

En este artículo he querido dar una pincelada tomada de la paleta de mi experiencia. He realizado múltiples cursos para enseñar a sentir, a ordenas las sensaciones después de traumas, a mejorar la enseñanza en general y a ser más creativos en cualquier materia.

El niño con Trastorno del Espectro Autista (TEA) ha perdido los remos que controlan el rumbo de su mente. Su cerebro tiene un amasijo de órdenes pre-verbales. Órdenes que todavía son sensaciones pero que no han podido aprender por si mismas a organizarse, porque se reflejan las unas con las otras hasta bloquearse.

La “Inteligencia Sensológica” funciona con sensaciones y no entiende de palabras y conceptos, a no ser las sensaciones que estas palabras y conceptos producen o de las sensaciones de las que estas palabras y conceptos derivan.

A parte de posibles patologías neurológicas, que hasta el momento se desconocen, a partir de la visión sensológica, creo que la educación de un niño con TEA, debería recibir una educación enfocada hacia ordenar su inteligencia no-verbal.

El niño con autismo necesita que le pongan orden a sus sensaciones. Parece que no sienta pero estoy convencido que su mundo no verbal es de una insospechada riqueza, pero enmarañado como una selva virgen. Y, posiblemente, esté clamando, en su aparente silencio, para que le tracen caminos por donde poder transitar su mente y dar vida a sus pensamientos.

Sentir es el preámbulo de pensar. Por esto, si queremos profundizar en el pensamiento, necesitamos serenar nuestra alma. El sentir es el alimento de la inspiración, y la inspiración es el aliento del pensamiento. Sentimos y luego pensamos.

Pero, normalmente, creemos que nuestra primera percepción está en el pensamiento. Cuando acude éste nos parece el principio de la razón. Pero la razón lleva tiempo alimentándose de vivencias que ni ella misma sabría explicar, porque no tienen palabras, son solamente sensaciones.

También nos parece que del ordenador, su realidad es lo que sale en la pantalla, pero cada palabra está construida con muchos impulsos invisibles que se producen en el átomo mismo. Son las sensaciones de la informática.

Una sensación en el ser humano, no es más (ni menos) que una serie de unidades básicas de “espacio sensación” y “tiempo sensación” que, combinadas de cierta forma, crean ideas, palabras, conceptos, filosofías, ciencia…

Se han gastado toneladas de papel y ríos de tinta para llenar libros de palabras, para justificar las palabras, para utilizar las palabras, para dominar con las palabras, en suma para pensarse uno a sí mismo como centro del mundo e intentar pensar que los demás existen y son.

Establecer la comunicación con los demás no siempre se ha producido de forma justa y considerada. Las palabras son engañosas cuando son derivadas de otras palabras que, a su vez, parten de otras palabras. Entonces, los conceptos se crean a partir de las palabras, no de la vivencia. Se le llama cultura, moral, disciplina, servicio, creencia…

La Inteligencia Sensologia es siempre viva pues parte siempre de la vivencia real, no teórica o conceptual. Al ser viva va creando siempre senderos nuevos en la selva virgen de la mente, y su comunicación es siempre empática y creativa.

El autista necesita ordenar esta parte profunda de su pensamiento. Las informaciones en sus diferentes sensores de la percepción se cruzan entre ellas, resultándole difícil encontrar el sendero por donde poder desplazarse acertadamente. En suma, siente demasiado y sus sentidos se mezclan. Como en el recién nacido que lo que toca no sabe si lo está viendo, lo está oliendo o lo está gustando.

Por tanto, en la formación del niño afectado con el Trastorno de Espectro Autista, lo primero que debería hacerse es reconstruir su desordenada Inteligencia Sensológica.

Para el reordenamiento y desarrollo de la Inteligencia Sensológica he establecido varios niveles para que, a través de la aplicación de los cuales, se vaya consiguiendo que las conexiones ínter neuronales y el proceso de transmisión de información del cerebro fluya con más orden. Este es el primer objetivo..

El cerebro es un producto que lleva de fábrica mucha información. Nacemos sabios aunque tengamos que aprender a lo largo de la vida la forma de extraer esta sabiduría.

El autista nace también con este maravilloso y sabio cerebro, solamente necesita adecuarlo a su específica necesidad personal de reordenar y poner en marcha su Inteligencia Sensológica.

El desarrollo de la Inteligencia Sensológica se divide en cinco niveles básicos: Sentir, sentirse, sentir a los demás, sentir el entorno, sentir el arte.

Para el autista el más importante es el primero pues es el que podríamos llamar del “despertar”.

Básicamente está compuesto de estímulos dobles, con el fin de que aprenda a “fijar” sus sensaciones, las ordene, tome conciencia de lo que pasa dentro de él y aprenda a traducir estas sensaciones a palabras y conceptos.

Un ejercicio interesante, para ponerlo como ejemplo, es el “Cordelario”. Se trata de hacer una inmersión táctil en un espacio lleno de cuerdas que penden de una estructura, quedando la persona inmersa por todas partes, en una experiencia total de tacto.

Este estímulo táctil se acompaña de estímulos visuales y auditivos que producen la misma sensación que la sensación táctil. Son como la misma carta pero con sobres distintos.

Este cambio de “soporte expresivo” es el que se produce en todas las obras artísticas. Tanto en el artista como en el espectador. Es lo que permite expresar cualquier vivencia y que el espectador la viva también.

Hay distintos cordelarios con tactos distintos y efectos visuales y auditivos también distintos.

Esta experiencia del Cordelario, por ser inmersiva, hace que, aunque el alumno sea pasivo, no pueda eludirla y empiece a sentir sensaciones con sus correspondientes sensológicos en otros sentidos.

Esta experiencia inmersiva de tacto, concebida para un primer “despertar”, va seguida de más experiencias a través de los otros sentidos.

Este “Primer Nivel” de ordenación y desarrollo sensológico que he llamado “despertar”, corresponde al desarrollo elemental del sentir. Es una gimnasia y ordenación de los sentidos, de la percepción y de la expresión, en la que el que vive la experiencia no necesita tener conocimientos ni ser diestro en ninguna materia.

Hay un “Segundo Nivel” al que he llamado del “descubrimiento”, en el que uno se descubre a sí mismo. En este nivel el alumno aprende a sentirse a sí mismo.

El “Tercer Nivel” que podríamos llamar del “acompañamiento”, corresponde al desarrollo de la percepción de los demás. Al desarrollo de la empatía hacia los demás. En suma, a la comunicación profunda con nuestros congéneres.

El “Cuarto Nivel” lo vamos a llamar de la “integración”, debido a que corresponde a la vivencia e integración con el entorno.

El entorno es una parte sustancial de nuestra vida. El entorno está estimulando continuamente nuestra creatividad. El entorno está vivo. Y no me refiero a las personas sino a los objetos, las paredes, los árboles, las nubes o el viento.

No se muy bien como vive el entorno cada persona afectada con el Trastorno de Espectro Autista. Pero sí estoy convencido de que aprender a disfrutar del entorno como algo vivo que es, es invitarlo a vivir una experiencia inolvidable. Es hacerle sentir que está unido al todo.

Y para terminar, el “Quinto Nivel”, el último de los niveles básicos, podríamos llamarlo de la “creación”, pues es el nivel que corresponde al Arte.

Aprender a sentir el Arte nos lleva al conocimiento y expresión profunda (no verbalizable) de todo el conocimiento del mundo desde el principio de la creación, gravado en nuestros genes y quien sabe en que lugares más de nuestro ser.

Si Dios existe, el Arte es su voz y su verbo. Todas las demás formas de comunicación son solamente un medio para describir que algo existe, pero la vivencia de esta existencia, que está más allá de nuestro pensamiento y en nosotros al mismo tiempo, sólo la podremos vivir a través del Arte.

La Sensología tiene las herramientas para llevar a cabo los niveles descritos de desarrollo para personas con TEA.

Estoy convencido de que sería interesante crear un laboratorio de experimentación sensológica para personas con TEA, en el que puedan sentarse las bases terapéuticas de la descrita pedagogía/terapia sensológica.

 

 Carlos Bayod Serafini

                                                                                 Doctor en Bellas Artes

 

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