LA MESA QUE TENÍA LAS PATAS MUY CORTAS – Enrique Rodríguez

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Era una mesa que tenía las patas tan cortas, tan cortas, tan cortas, que no le llegaban al suelo. Al no estar bien apoyada se movía mucho. La familia no quería comer en ella porque la sopa se derramaba y la comida se salía del plato.

– Esto parece un barco. Gritaba enfadado el padre de familia.

Ni los niños querían jugar en ella. Las fichas del parchís se movían de las casillas y el dado rodaba hasta el suelo.

La mesa estaba triste y apenada, se sentía sola e inútil. Nadie quería usarla.

Así estaba en la puerta de su casa, cuando pasó una alfombra.

– Qué te pasa mesita, por qué estás tan triste?.

Es que nadie me quiere usar porque tengo las patas tan cortas que no me llegan al suelo.

– Y por qué no haces de alfombra?. Preguntó la alfombra.

La mesa nunca se había planteado ser otra cosa.

– A ti te gusta ser alfombra?. Preguntó la mesa.

– Ser alfombra es lo mejor. Por las mañanas veo salir a toda la familia. Confían mucho en mí y me dejan al cuidado de las llaves de la casa. A la noche buscan la suavidad de mis fibras para descansar sus pies. Y algunos días me visten de rojo y personajes importantes pasean por encima y se hacen fotos. Ser alfombra es lo mejor.

A la mesa le gustó lo que había oído y al día siguiente se fue a hacer de alfombra. Pero no resultó como le habían contado. El día fue lluvioso y acabó pateada y manchada de barro. Cuando llegó la noche estaba arañada y sucia, dolorida de los pisotones, y tuvo que ponerse ceras y limpiarse bien.

Ser alfombra no era para ella, así que se volvió a estar triste y sola.

Así estaba cuando pasó una cometa.

– Qué te pasa mesita, por qué estás tan triste?.

Es que nadie me quiere porque tengo las patas muy cortas.

– Y por qué no haces de cometa?. Preguntó la cometa.

– A ti te gusta ser cometa?. Preguntó la mesa.

– Ser cometa es lo mejor. Me llevan de paseo los días festivos, sólo si hace buen tiempo. Voy a la playa o la montaña, y allí, empujada por una suave brisa, me elevo hasta el cielo. Vuelo entre pájaros y mariposas, lo veo todo desde lo alto, y la sonrisa de los niños es mi mejor recompensa. Ser cometa es lo mejor.

A la mesa le gustó lo que había oído y al día siguiente se fue a hacer de cometa. Pero no resultó como le habían contado. Los niños no conseguían que se levantara porque pesaba mucho y protestaban. Finalmente, un adulto, con mucho esfuerzo, consiguió elevarla. Subía y bajaba constantemente, y se mareó. Además pasó mucho miedo allá arriba, no estaba acostumbrada a las alturas y a cada instante le parecía que iba a chocar contra el suelo.

Al llegar la noche todo le daba vueltas.

Ser cometa no era para ella, así que volvió a estar triste y sola.

Así estaba cuando pasó un cuadro.

– Qué te pasa mesita, por qué estás tan triste?.

Es que nadie me quiere porque tengo las patas muy cortas.

– Y por qué no haces de cuadro?. Preguntó el cuadro.

– A ti te gusta ser cuadro?. Preguntó la mesa.

– Ser cuadro es lo mejor. Todos los días vienen personas a contemplarme y pagan por verme. La prensa habla de mi y a veces hasta salgo en la televisión. Los ladrones más famosos me desean. Los museos se pelean por mí. Y si alguien me lleva a su casa, me dedica el mejor sitio en el mejor de sus salones. Ser cuadro es lo mejor. 

A la mesa le gustó lo que había oído y al día siguiente se fue a hacer de cuadro. Pero no resultó como le habían contado. Se pasó el día colgada de un clavo. Nadie se paraba a mirarla, ni se hacían fotos con ella. Que cuadro más feo, decían unos, es sólo un marco, decían otros. Tuvo miedo de descolgarse y caerse, y por culpa de la postura el cuello le dolía mucho.

Ser cuadro no era para ella. Y se puso más triste aún.

Así estaba cuando pasó un hombre.

– Qué te pasa mesita, por qué estás tan triste?.

Porque tengo las patas tan cortas, tan cortas, tan cortas, que no me llegan al suelo, y no me quieren como mesa. He probado a ser otras cosas pero tampoco sirvo.

– Quieres que te ayude?. Dijo el hombre.

– Ya, me vas a decir que sea persona y que eso es lo mejor, pero yo quiero ser mesa, eso quiero ser. Dijo la mesa llorando.

– Soy maestro, y voy a hacer algo que te ayudará mucho más.

Y mientras la mesa lloraba, el maestro fue poniendo libros desde el suelo hasta sus patas, hasta que estas quedaron firmemente apoyadas y ya no se movía. Por fin querrían comer y jugar en ella.

Desde entonces, la mesa dejó de estar triste, se hizo fuerte y robusta, y sobre su noble tablero se hicieron muchas comidas y muchos juegos.

Moraleja : Nada te ayudará tanto en la vida, a ser lo que quieras ser, como los libros.

 

Enrique Rodríguez – Barcelona

 

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