Prólogo “LLETRES BLAVES PER L’AUTISME – LETRAS AZULES POR EL AUTISMO” Maribel Morueco

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Tenemos el honor de contar en nuestro libro solidario, con el prólogo de la directora de la Asociación de familias de personas con TEA y trastornos de la comunicación social de Baleares, APNAB GASPAR HAUSER, Maribel Morueco.

Una persona con una humanidad superior y un buen hacer y dedicación absoluta sobre el trastorno del autismo, además de una agradable, afable y maravillosa personalidad.

Aquí os dejamos al completo este exquisito prólogo:

Preciosa Àgatha

Camino intrincado, lluvia tenue, un poco de hojarasca, cierta oscuridad en determinadas esquinas… olor a hierba mojada, a campo, a lugar conocido y guardado en el recuerdo.

Es lo que ves, y lo que sientes, cuando te vas acercando al pueblecito de nuestro viaje, al que nos vamos acercando cada vez más, una vez puesto el intermitente y haber girado a la dereha, y a la izquierda, y luego de frente, dos veces más a la derecha… y… ¡recto!

El pueblecito está en silencio, cubierto por una suave luz, apenas perceptible, aparece iluminado como si nos estuvieran esperando.

Llamamos a una puerta de roble, fuerte y contundente. Llamamos varias veces. Primero, apenas con los nudillos; depués, con la palma de la mano, más fuerte. Optamos por las dos palmas, así a golpes.

Nadie nos abre. Desanimados, echamos a andar, por una calle amplia, con árboles frondosos, y con algunos frutales que nos llaman la atención.

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Otra puerta se cruza en nuestro camino, esta vez a colores, propia de un cuarto juvenil. Insistimos, del mismo modo que en la vez anterior, pero… el silencio más absoluto vuelve a tronar en nuestros oídos.

Esta vez, volvemos a andar, pero cuesta abajo, por un caminito rodeado de flores: petunias, pensamientos, gencianas, y hasta algún girasol.

Encontramos otra puerta, pero esta vez, transparente, aparentemente de cristal, no es necesario llamar: es evidente que no hay nadie.

Andando y andando, llegamos a un amplio descampado, rodeado de hierba (de ahí debía provenir el olor), con unos columpios, árboles rientes y pequeños setos rodeados de buganvillas.

Ahora, la puerta de nuestros sueños es un puro y sencillo marco de madera con una tenue cortina de cuentas de cristal que pende de él.

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De un manotazo, la atravesamos, y pasamos al otro lado de la sencilla y cristalina puerta.

Hay arena, de playa, con una sombrilla, a modo de decorado. Y un piano, un piano chiquitín, para que los nuevos visitantes puedan interpretar aquellas melodías que más les apetezcan. Y un sonajero; una máquina antigua de cine, una radio grande marca Sylvana, zapatos de todos los tamaños metidos en un gran cesto, y cajas de música, con diferentes melodías.

Al fondo, con una panorámica azul, puro mar, un manojo de personas hablan, se señalan, ríen, esperan, se miran. Están juntas. Papás y mamás, niños, niñas, profesionales, amigos, abuelos, hermanos, sentados en círculo se van pasando coloridas tarjetas que van sacando de un precioso canterano lleno de cajonitos, pura miniatura.

A su lado, una mesa con sillas y un servicio de té, nos anima a sentarnos y a participar del animado grupo que no cesa de comunicarse.

Una hermosa niña nos coge de la mano y nos indica que sí, que nos sentemos. Hace un gesto locuaz con el que comprendemos que… ¡Ya hemos llegado!.

Se van pasando sucesivas tarjetas de colores, hasta que llegan a nosotros.

La primera es una gran “A”, azul brillante. Todos saltan y se ponen a nuestro alrededor y dicen:

“¡A!”… de “Ágatha”; “A”… de “Amor”; “A”… de “Amigos”;  “A” de Autismo. “A” de aprender!

“¡Otra letra! La…”C”: “¡C” de Coordinación; “C de Comunicación; “C” de Compartir!

“¡M!”: “¡Medios!”

“¡R!”: “¡Recursos!”

“¡P!”: “¡Personas, muchas personas que ayuden, que trabajen, que se miren a los ojos!; ¡Palabras!, Palabras grandes, pequeñas, escritas, dibujadas, hechas gesto… !”

“¡V!”: ·¡¡¡Visual!!! Fotos, dibujos, esquemas… !”

“¡T!”: “¡¡¡TE QUIERO!!!”

Es Domingo por la tarde, el calidosopio por el que miraba ha debido sufrir una interferencia, posiblemente, eléctrica. Porque decir que me he dormido es muy fácil. ¿O es que el calidoscopio me ha llevado a otros lugares que yo sospechaba y no había avistado tan siquiera?

Àgatha, preciosa, sí que duerme a mi lado. Su cara es una promesa, llena de amor, una manzana, una rosa, una pieza de música jamás interpretada. Àgatha abre sus ojos, enormes y me mira. Nos sonreímos. Coge el calidosopio y me lo pone a la altura de mis ojos, para que yo mire. Ahora lo entiendo todo. Soy yo la que tiene que aprender a mirar, a buscar, a investigar, a discernir lo que es bueno y ayuda, de lo que nos confunde todavía mas. Àgatha mira, sonríe, copia, me señala lo que quiere que le acerque, me señala todo aquello para lo que necesita ayuda. Me pone un abecedario en mis labios y en mis dedos para que empiece a formar palabras y se las haga llegar.

Àgatha es un puente. Un camino. Ya he llegado a donde quería. Ya sé que es la comunicación, y las relaciones, y el pensamento abstracto. Y el amor. Me lo ha enseñado desde su calidosopio, haciéndome mirar, escudriñar, comprender. Entender el magnífico Universo al que todos pertenecemos y al que dotamos de sentido, de modos de hacer, de símbolos y palabras.

Sí, gracias Àgatha, resplandor azul, espléndido, luminoso, al que gracias a tí nos encontramos, nos reconocemos, sabemos nuestros nombres.

Preciosa Àgatha. Huele a hierba mojada. Al fondo, luz. Todo un camino juntos por recorrer.

Llegaremos, de la mano, sonrientes, azul faro.

 

Maribel Morueco (directora APNAB GASPAR HAUSER)

“Para Àgatha y su preciosa familia”.

Palma, septiembre 2016”

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