ÁNGELES DE CARNE – Antonio Fco. Buitrago (Elche)

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Imagen, http://guillermovilaseca.com.ar/

 

“A esos seres tan especiales a los que el silencio habla al oído”.

 

En los silencios que navegas quisiera nadar,

porque es en sus colores donde nazco mortal.

 

Al fondo limpio de esos ojos de húmedo vidrio,

allá donde todos nos asomamos sin saber mirar y

la vida comienza a sentirse sin tener que aparentar.

 

Allí, en aquella proximidad tan lejana

donde la palabra que no dice torna a su fauna,

surge la paz que, sin gritar, cuan mirlo canta.

 

Somos muchos los que morimos sin conocer nada de nuestra espalda,

porque somos muchos los que ignoramos hasta qué punto es pura el alma,

de quienes se alimentan de susurros, abrazos y suspiros.

 

Arrópame en tus sueños, que cuan bellos momentos,

harán de tu laberinto el más grande y cálido de los universos.

 

Nadie mamará la verdad de la tierra como los seres sin maldad,

que abandonados por quienes hablan, y corren, y chillan,

quedan aparcados en rincones donde no se mira

y los sueños, son egoísmo, y vulgaridad, y desidia.

 

¿Qué pasara por esas cabezas armadas de alegrías y penas?

Cuando pese a estar rodeadas se llenan del mucho que para otros es nada.

¡Y qué más dará! Pues solo ellas saben el sentido de la libertad que al resto nos enjaula.

Ese, es el precio de ser “normal”.

 

Y yo, desde esta atalaya que el tiempo erosiona,

sigo soñando con el alma más o menos intacta,

con nadar en esos silencios que navegas donde, seguro que sí,

los colores nos invitarán a volar e insistirán en hacernos reír.

 

 

 

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