LETRAS – Enrique Rodríguez

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Hubo un tiempo en que, al parar de leer, se dejaba el libro abierto sobre la mesa o atril. Un tiempo en que las letras eran libres y felices, por las noches salían de las páginas, hablaban y jugaban.

Fue en ese tiempo que una vez estaban reunidas unas letras minúsculas, y una  de ellas dijo :

– eeeee. Y propuso una idea.

Otra dijo :

– ooooo. Emocionada.

Y una tercera dijo :

– aaaaa. Porque le parecía una idea muy buena.

Y juntas partieron para un viaje, ya que esa fue la idea propuesta. 

En el camino encontraron a la l que iba sola, y le ofrecieron que se uniera a ellas. Al principio les pareció una letra muy estirada, pero pronto demostró que era muy bromista.

Más adelante encontraron a la h y a las hermanas b y p.

La h era muda, pero muy simpática, y aunque no hablaba, todo el rato bromeaba haciéndoles decir : hola, hola, hola.

Las hermanas resultaron unas pesadas, no paraban de discutir y pelearse, cuando una decía be, la otra replicaba pe. 

Subieron los picos de la M, bajaron a los valles de la W, y se deslizaron en trineo por las pistas de la S. Todo era nuevo y asombroso.

Si llovía, se resguardaban bajo una T, y si hacía sol iban a la playa del guión, donde el mar es plano, o a la de la tilde, donde hay divertidas olas. 

La e aprendió inglés, y decía yes con el mejor de los acentos. Sus amigas se desternillaban de risa repitiendo todo el rato : olala, olala. 

Viajaron y viajaron. Conocieron a las gemelas ll y rr. A la I latina, y a la Y griega. Llegaron muy lejos, a lugares extraños donde las vocales adornan sus cabezas con diéresis. Donde las n llevan sombrero y se llaman eñe, y la c tiene cola, y se llama ç. 

Había pasado ya mucho tiempo desde que salieron, y la más sensata de las tres dijo :

– eeeee. Y les hizo ver que el momento de regresar había llegado.

– ooooo. Dijo una apenada.

– aaaaa. Reclamaba la otra, pidiendo estar un poco más.

Pero e insistió, y juntas partieron de vuelta. 

Durante el tiempo que estuvieron fuera no se pudo leer, por faltar letras, y a su regreso, las personas, enfadadas, empezaron a usar los puntos de lectura, cerrando los libros y encarcelando a las letras.

Desde entonces, las personas se han preocupado más en mantener los libros cerrados, para que no escapen las letras, que en leer, y las letras están cada día más tristes y apenadas. 

Así que os recomiendo llegar a casa, coger un libro y leer, pero sobre todo, sobre todo, dejarlo abierto al acabar.

 

ERM – 17.09.14

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