ANTI NILS – Gemma Martínez Sangrà

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Anti Nils. Aventuras y desventuras de la madre de un niño con autismo.

Es la hora. Nil cuando llega el momento de irse a la cama me mira con cara interrogante. Valeeee, le digo con una sonrisa.

Se levanta súper rápido pese a su volumen y me espera en el baño. Sigo el ritual diario. Se siente cómodo si no cambio mis movimientos y puede anticipar lo que haré. Le aseo, le lavo los dientes, le pongo el pañal, el pijama, etc.

Miro a mi alrededor y de momento no me doy cuenta. Nil, cabizbajo me mira medio de reojo. Ummm…algo ha hecho pienso para mis adentros. Ya veo… Nil ha ejercido de perro de Scottex. O sea, el papel w.c. está desaparecido. Pero bueno, le digo. ¿Otra vez? ¡Pero si pensaba que no había dejado papel a tu alcance! Bueno, bueno, que no cunda el pánico. No es la primera vez. No pasa nada. Iré a la reserva secreta y repostaré. Sonrío para mis adentros por la travesura de Nil.

Cuando ya está en la cama voy a por mi ritual. Mis cremitas, también escondidas de las manos traviesas de Nil, y como ahora no me ve y seguramente dormirá toda la noche, podré dejar papel en el baño sin que tengamos que ir a por él a la reserva secreta a escondidas de Nil, cada vez que queramos ir al baño. ¡Huy! Pues no ¡La reserva secreta ha sido saqueada!

Voy a ver las papeleras de los baños y, efectivamente, ahí está la prueba del delito en forma de revoltijo. Voy a por más papel gruñendo y pensando donde lo esconderé ahora y en que tengo que comunicar a la familia el nuevo escondite.

Popularmente, en mi casa, eso es un Anti Nil, o sea, escondrijos semi-secretos eventuales para que el individuo susceptible de acabar con las reservas mundiales de, en este caso, el papel para el w.c., no dé con ello fácilmente. Todo esto, dentro del plan de protección y camuflaje de elementos susceptibles de ser descuartizados, tirados y/o comidos por el elemento subversivo en cuestión, o sea: Nil. El plan responde a las siglas PPYCDESDSDTYCPN y cómo es muy complicado pues… Anti Nils mejor. Y a tomarse bien sus inocentes travesuras.

 

Gemma Martínez Sangrà

 

 

 

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