TORPE HOMENAJE – Alberto Pasamontes

pasamontes[1]

 

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Cuando mi buen amigo y mejor poeta Gabriel Mª Pérez me propuso escribir algo sobre el autismo para Univers Àgatha, no lo dudé un segundo. Formar parte, aunque sea de forma modesta, de una iniciativa tan bonita como esta, que aporta tantos beneficios para un colectivo de nuestra sociedad que, por lo general, tenemos tan injustamente olvidado, es algo que no puede uno dejar pasar por su lado sin hacer nada.

De modo que, nada más terminar el trabajo que me tenía ocupado en esos días, me dispuse a elaborar ese pequeño pero importante aporte al proyecto. Confieso que mis conocimientos relacionados con el autismo eran muy, pero que muy cercanos al cero absoluto, así que busqué información en internet, libros, televisión… cualquier cosa que me ayudase a conocer las causas, los síntomas, los efectos. En fin, toda la problemática de las personas con autismo y sus familias. La tarea de pronto se me hizo terrible y abrumadora. Por más que buscaba, por más que leía o visionaba informes, reportajes, documentales, más perdido me encontraba, más incapaz me veía de escribir algo que estuviese a la altura que el proyecto merece, hasta el punto de que llegó un momento en que me sentí totalmente acobardado y comencé a darle largas, que si estoy muy liado, que si me ha salido este importantísimo trabajo ahora, que si hoy hace sol y estoy de buen humor, y ya sabe todo el mundo que los escritores son criaturas ariscas y depresivas que solo sacan lo mejor de ellos noches lluviosas, casi a oscuras y con una botella de vodka mediada y un cigarrillo en los labios…

Hasta que un día me di cuenta de que, si bien no podía escribir sobre el autismo, sí que había algo sobre lo que podía hablar. Más bien, sobre alguien.

Los padres, los hermanos. Los abuelos, tíos. Los educadores, los profesionales de la sanidad… todos aquellos que afrontan la problemática del autismo a diario, que se esfuerzan por comprender un universo paralelo, diferente, casi inexplorado, con un tesón, una generosidad y una dedicación y amor que no pueden ni deben pasar desapercibidos. Personas que contribuyen a hacer esta sociedad un poco mejor. Con paciencia, con firmeza, con un sacrificio personal que, finalmente, se convierte en una experiencia única, irrepetible, en esos momentos en los que se consigue otro avance, otra nueva habilidad. Un logro que puede parecer algo nimio a nuestros ojos, pero que representa  tanto como la llegada a la luna para esa persona que te devuelve todo su amor concentrado en un pequeño frasco, en una respuesta en forma de breve mirada, de tierno abrazo, de efímera sonrisa…

A todos ellos, mi reconocimiento y más admirada gratitud y afecto. Y este torpe homenaje.

 

Alberto Pasamontes

 

 

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